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DON RAUL PEÑA SANCHEZ

Padre Francisco Ornelas

Don Raúl Peña Sanchez, nació el 17 de enero de l932, en San Idelfonso Salinas, de la Mixteca baja de Oaxaca, siendo el mayor de seis hermanos. En la parcela familiar cultivó maíz, frijol y calabaza. Aprendió el oficio de panadero y como tal, trabajó varios años en su tierra. En Silacayoapan cursó los seis años de primaria. El1ro. de junio de 1954, a los 22 años, Don Raúl se casó con la Sra. Tere Uraga Hernández con quién tuvo diez hijos, de los cuales sobrevivieron ocho, todos ellos ahora profesionistas o en vías de recibirse.

Hábil, inquieto y de gran capacidad de comprensión, trabajó dos años en San Idelfonso como maestro de primaria, donde sólo había entonces hasta el cuarto grado. También dió clases otros dos años en San Francisco Losicha (cerca de Teposcolula).

En 1963, a la edad de 31 años como tantos otros miles de paisanos en busca de mejores oportunidades, emigró con su familia. Se estableció en Cd. Netzahualcoyolt, en el estado de México, y empezó a trabajar otra vez como panadero. Con vigorosa vocación de servicio y grandes dotes de conciliación, pronto fue nombrado delegado del sindicato de terraceros y constructores de la CTM, donde trabajó más de veinticinco años.

Hacia 1978, invitado por amigos, se interesó en colaborar en una formula de servicio comunitario que había empezado a funcionar en septiembre de 1973, en la colonia Metropolitana III, lugar donde vivía. En la casa del pueblo, su liderazgo pronto destacó y a petición de los prestadores de servicios fue nombrado coordinador, puesto que desempeñó hasta el año de1983. Durante este tiempo, Don Raúl, siempre fue apoyado con la consistencia y la lealtad de su paisano Sr. Fernando Morales Nicolás, que contribuyó también con todas sus cualidades y habilidades al proyecto, compartiendo todas las responsabilidades. Ellos encabezaron un verdadero equipo que sacó adelante este laborioso esfuerzo comunitario, manteniendo el espíritu de grupo y la mística de servicio. Siempre se sobreponieron con memorable paciencia, con autoridad moral y experiencia a los egoísmos y a las diferencias entre los miembros de la casa que al final de cuentas eran generosos e idealistas como ellos.

Ahí lo conocí yo, en mis esporádicas visitas desde la selva de Chiapas (donde trabajé de l977 a l989), y tuve el privilegio de ser su amigo y de ser aceptado en su familia y gozar de su aprecio. Compartimos en numerosas ocasiones nuestra vida social, y juntos disfrutamos los talleres, fiestas, visitas y las veladas, en San Cayetano, todo de muy grata memoria. Frecuentemente con la imprescindible compañía de Lolita Aranda, co-fundadora de la casa y omnipresente "comadre" en las mejores ocasiones, incluso en una inolvidable visita a San Idelfonso, siempre me acompañó fidelísima en las muertes de mi familia.

Cuando fuí a trabajar entre migrantes mixtecos a ambos lados de la frontera noroeste, y empecé a vivir entre ellos, en la Colonia Obrera III sección de Tijuana, me enteré del trágico accidente. Don Raúl, con un camión sobrecargado de petatillo, loseta brillante que donaba para la reparación del techo del templo de San Idelfonso en Oaxaca, se accidentó al intentar subir con toda la carga, la empinada cuesta, por lo que pasando Guadalupe Ramírez el camión resbaló en la grava de una curva, y cayó dando vueltas al fondo de la cañada. A pesar de la opiniones que sugerían que subiera sólo con la mitad de la carga aunque tuvieran que hacer dos viajes, Don Raúl prosiguió con la idea de llevar la carga una sola vez. Don Raúl iba junto a la portezuela derecha del chofer y fue el único de los viajantes que resultó herido de gravedad con costillas rotas y el pulmón perforado.

Como nunca perdió el conocimiento, prefirió tiernamente esperar a que llegara desde México su hijo médico Argimiro, que una semana antes había llegado de Los Angeles a visitarlo, y con quien había disfrutado, pedaleando de satisfacción, largas horas de conversación. Ahora adivinamos su presentimiento, pues varias veces, en broma, mencionó la posibilidad de morir pronto. Nueve horas estuvo rehusándose a recibir atención médica (se le hubiera podido llevar de emergencia al hospital en Huajuapan de León) ya que esperaba a su hijo. Las consecuencias de esa espera lo debilitaron, lo agravaron, y ya no pudo recuperarse ni con los cuidados de su hijo. Era el 26 de abril l992, y tenía setenta años con tres meses y nueve días.

Su trayectoria ejemplar como ciudadano, esposo, padre, y como ser humano que comprendió el secreto de la convivencia humana al siempre compartir, hace que siga presente entre nosotros inspirándonos, alentándonos con su alegría de vivir y su ánimo incansable. La muerte lo sorprendió haciendo lo que mejor sabía hacer, promover a la comunidad.


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