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LA FIESTA DE LA PALABRA: UN DIALOGO INTERCULTURAL Por Tiburcio Pérez Castro. El 10 de abril es una fecha luctuosa en el
calendario cívico mexicano: es el aniversario del asesinato de
Emiliano Zapata Salazar, el líder campesino de la Revolución
Mexicana. Aunque en esta fecha
oficialmente se ordena izar la bandera a media asta en señal de
luto, las autoridades
gubernamentales actuales poca
importancia le dan a la conmemoración y son las organizaciones
independientes quienes recuerdan con fervor este trágico día
con manifestaciones públicas denunciando la marginación y el
abandono en que viven los campesinos. Nosotros, en la Academia de la Lengua
Mixteca (Ve’e Tu’un Savi) retomamos la petición de don
Lázaro Cárdenas del Río (otro distinguido mexicano quien
le tuvo mucho cariño a la gente del campo) cuando expresó lo siguiente: “cuando yo muera no me guarden
un minuto de silencio; dedíquenme una hora de trabajo”. Con esta idea escogimos el 10 de abril para honrar
a Emiliano Zapata trabajando a favor de nuestra cultura, organizando y
realizando la Fiesta de la Palabra.
La
Fiesta de la Palabra es un evento literario-musical en donde los
indígenas que vivimos en Tijuana tenemos la oportunidad de presentar a
la comunidad en general nuestros pensamientos y sentimientos en lengua
indígena. Generamos este espacio para fomentar en adultos
y niños el cariño hacia nuestra lengua madre y contrarrestar
ese sentimiento de menosprecio y
desdén que
todavía existe en
contra de las culturas indígenas. Y sí, la fiesta fue una gran fiesta. Más de cien niños de
preescolar y primaria y alrededor de ochenta adultos asistieron al multiforo del Instituto de Cultura de Baja California
para presentar y escuchar los cantos, poesía, leyendas, partes del
cuerpo y hasta los números en lengua indígena, producto de los talleres literarios que se han realizado. Pero aunque esta reunión la
convocó la Academia de la Lengua Mixteca, el ejercicio en realidad fue
plurilingüe. En tu’un
savi (mixteco) escuchamos cantos como ndiyiyi lo’o (caracolito), Ita chinuni (flor de maíz), In
cheli lo’o (el gallito), Ma Lina (Doña Lina), Yaa Tika ((canto
del chapulín), Sa’va lo’o (la ranita). Kunexu lato’o
(conejo que salta); en
poesías
¡Náa koo kuachi! (¡No a la guerra!), y pudimos
oír leyendas tradicionales como Kava indyaya (la cueva del
infiernillo) y Nayiu kini suku (los gigantes). En idioma nahuatl escuchamos el poema Amanecer nahuatl;
en la lengua Ayuuk (mixe) nos presentaron la leyenda El puente del diablo, en
Ben’zaa (zapoteco del valle) escuchamos la leyenda El hombre del cerro
y en purépecha nos deleitaron con el canto Male Rosita.
Escuchar
cinco lenguas indígenas en este evento significó un delicioso
menú que paladeó el oído y alimentó el
espíritu. A cada participación respirábamos hondo para
que también el sonido de las palabras llegara a nuestro cuerpo a
través de nuestros pulmones y se fortaleciera nuestra identidad
étnica. Viendo el ajetreo
del ir y venir de los
niños preparándose para su presentación, escuchar el
bullicio de sus voces, como si estuviéramos en la “plaza”
(mercado tradicional) de Oaxaca,
Guerrero, Puebla, Veracruz o Michoacán nos hizo tomar plena
conciencia de lo vigente que
están nuestras lenguas indígenas. Basta mirar con qué orgullo se pararon los
pequeños (y también los adultos) a expresarse en la lengua
propia para dejar testimonio de lo vivo
que está nuestra cultura. En síntesis, fueron noventa
minutos de un verdadero diálogo intercultural. Hay que agregar que la
televisión local
colaboró para que nuestras voces indígenas llegaran a más personas en la
comunidad, lo que permite que se vaya ganando un espacio decoroso en los
medios de comunicación para los indígenas que vivimos en esta
frontera. Por el resultado de
nuestra Fiesta de la Palabra podemos decir: General Zapata, General
Cárdenas, ¡Estamos presentes! |