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Día de Muertos en California

Por: Gerbacio Peña y Oralia Maceda Méndez

El “Día de los Muertos” o “Fieles Difuntos” se celebra cada año en Oaxaca a partir del 31 de Octubre y continúa hasta el 2 de Noviembre. Esta tradición data desde las sociedades prehispánicas, quienes se cree que escogieron estas fechas para rendir culto a la muerte para que coincidieran con la temporada de la cosecha, y así representar la relación que creían existe entre el ciclo siembra-cosecha y vida-muerte.

Esta tradición de culto a la muerte continúa hasta nuestros días pues en cada hogar oaxaqueño se sigue celebrando el “Día de Muertos” colocando un altar a los seres queridos que ya fallecieron, en el que se les ofrecen los alimentos y bebidas que en vida preferían. Desde tamales oaxaqueños, hasta el delicioso mole negro, el arroz con leche y el dulce de calabaza, sin que falte por supuesto el tradicional pan de muerto y las calaveras de azúcar, acompañadas de mezcales, tequilas, aguardientes y cervezas. Todo ese festín se engalana además con perfumantes flores de la temporada y con flores de cempazuchitl, al igual que con veladoras y agua bendita.


Foto: Leoncio Vásquez
Altar de muertos por el FIOB en Arte Américas, Fresno, California

De acuerdo a esta tradición que ha se ha transmitido de generación en generación, el último día de Octubre a las 12 del mediodía llegan los “angelitos”, es decir, las almas de los niños y personas que murieron sin haber pecado. En este día, la ofrenda es adornada con un pequentilde;o camino de pétalos de flores y un vaso o recipiente con agua, pues se cree que tras recorrer el largo camino del cielo a la tierra, las almas llegan cansadas y sedientas. También se colocan en el altar pequeños panecillos de muerto y ángeles de dulce, así como frutas naturales y dulces de leche. Es usual en algunos lugares de Oaxaca que los niños salgan por la tarde a pedir limosna casa por casa, llevando consigo un recipiente para colectar los obsequios. Se cree que así también lo hacen los “angelitos”, sólo que éllos se llevan los regalos al cielo para los que quedaron de guardia. La celebración de estos pequeños difuntos termina a las 12 del mediodía del 1 de Noviembre, hora en que empiezan a llegar las almas de los adultos o de los pecadores.

En el día de los muertos grandes se retiran de la ofrenda todos los alimentos de los niños mientras se quema incienso. Para la llegada de las almas de los adultos el altar se adorna con panes de muerto grandes, chocolate, mole de guajolote, frutas, mezcal y otros platillos y bebidas. Tradicionalmente, en este día por la noche las personas adultas salen a pedir limosna por las calles de sus pueblos llevando consigo una campanita y repitiendo durante su recorrido este pregón: “limosna pa¹l compañero, si no hay aunque sea un sombrero”. En los hogares, los dueños de las ofrendas invitan a los limosneros” a pasar a sus casas a rezar frente al altar para poder hacerse acreedores a una porción de la ofrenda. En algunos pueblos de Oaxaca se acostumbra acudir al panteón en la noche del 1 de Noviembre para velar a los muertos. Junto a las tumbas de los seres queridos se entonan sus canciones favoritas y se recuerdan anécdotas de sus vidas.

Sin embargo, la tradición más generalizada en Oaxaca y en todo México es la de acudir al panteón a velar a los muertos el 2 de Noviembre. En ese día se limpian y pintan las tumbas, además de que se adornan con flores, velas y fotos del difunto; se ofrecen rezos y hasta misas al pie de las tumbas. También es tradicional comer en familia y participar en juegos populares. Asimismo, en algunos lugares circulan las esperadas “calaveras” que son versos y rimas chuscas sobre la vida de las personas más conocidas de la población. Aunque en la mayoría de las comunidades las personas se retiran de los panteones al caer la noche del 2 de Noviembre, en ciertos pueblos las celebraciones se prolongan por más de ocho días.

Para nuestra comunidad Indígena esta celebración es la mas importante de todas las festividades y celebraciones que ocurren durante el año. Para esta fecha, la mayoria de los migrantes que se encuentran en Estado Unidos o en cualquier otra parte de la República Mexicana regresan a sus comunidades de origen a celebrar el día de los muertos. Durante todo el año las casas de los migrantes se encuentran cerradas pero en esa fecha no existe una solo puerta cerrada, todas se encuentran abiertas de para en par para recibir las almas de sus familiares ya difuntos.

Para quienes nos encontramos lejos de nuestras comunidades y que por alguna razón no podemos regresar a celebrar nuestras tradiciones, buscamos los recursos y celebramos en el lugar donde radicamos. Tal es el caso de los miembros del Frente Indígena Oaxaqueño Binacional, FIOB, quienes ponemos nuestros altares en diferentes partes del estado de California. Este año en particular participamos en una exposición de altares que se llevó a cabo en la galería “Arte Américas” de la Ciudad de Fresno. Durante veinte días, los residentes de esta ciudad del centro de California pudieron admirar y leer lo que significa para nosotros los Oaxaqueños la celebración del día de los muertos. Con flores naturales de cempacuchitl (que por cierto nos costó mucho trabajo conseguir), mole, pan de muerto hecho por un paisano, jarritos de barro con mezcal, totopos, figuritas de azúcar e inclusive velas traidas directamente de Oaxaca, reproducimos nuestra costumbre de preparar altares para recibir a nuestro difuntos. Fijense, que inclusive hubo paisanos que usaron nuestras tradiciones para conmemorar un dramático suceso: en Ocenside, el comité del FIOB puso altares en el centro de la ciudad en memoria a las personas que perdieron la vida en el atentado terrorista del pasado 11 de septiembre.

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