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¿Quién soy?

Por: Fausto Sánchez


Foto: Leoncio Vásquez
Fausto Sánchez

Qué dolor de cabeza pasa uno cuando no sabe cual es su verdadero nombre y ni a donde ir a buscarlo. Eso es lo que me pasó cuando traté de mandar pedir mi acta de nacimiento cuando vivía en San Quintín, Baja California, México.

Cuando vivía allá en Oaxaca, mis padres y mis hermanos todo el tiempo me llamaban “Sabino” y con ese nombre me registraron en la escuela las personas con las que vivía en el Barrio de Santo Domingo en Juxtlahuaca. Después de un año en la escuela y ya entendiendo más el idioma español, me di cuenta que los niños de mi edad me hacían burla porque éllos decían que ese nombre era de un árbol y no de una persona. Por eso cuando se terminó el año escolar en el Barrio de Santo Domingo y me fui a vivir al centro de Juxtlahuaca con otras personas, dije que me llamaba “Gabino” y con ese nombre me conocieron muchas personas en la escuela, en Culiacán, Sinaloa y en Baja California, México.

Ya estando viviendo en Baja California, nos venimos un hermano mayor y yo al norte, cruzamos por Tijuana y para nuestra mala suerte salieron unos cholos allí y todos corrimos de un lugar a otro y nos separamos mi hermano y yo, así que cruce solo con otros compañeros que no conocía. Ellos no se preocuparon por preguntarme cómo me llamaba, simplemente comenzaron a decirme “José”. Tuve ese nombre durante el mes que estuve en Escondido, California, hasta que regresé a Baja California. Pero como yo quería volver a los Estados Unidos y arreglar mis papeles, mandé pedir mi acta de nacimiento a Oaxaca por medio del Registro Civil en Baja California. Primero púse mi nombre de “Gabino” y me mandaron decir que no había nadie registrado con ese nombre, que la fecha de nacimiento y los nombres de los papas coincidían, pero el nombre que estaba registrado era “Fausto”. Entonces le pregunté a mi papá cuál era mi verdadero nombre y me dijo que el que sabía era mi padrino, así que le mandé una carta a mi padrino para que me hiciera favor de ir a sacar mi acta. El fue al Registo Civil y preguntó por el nombre de “Fausto&148;, encontrando finalmente mi acta. Así que resulto que no me llamaba “Sabino”, ni “Gabino”, ni “José”, sino /Fausto”.

Eso es lo que pasa en muchas ocasiones en nuestra comunidad Oaxaqueña, que nos ponen apodos o que el padrino pone el nombre y el papá ni se acuerda de cuál, inclusive en ocasiones es el sacerdote el que escoge el nombre y los padres ignoran cuál es. También suele suceder de que le ponen a los niños dos nombres y sólo usan uno o se lo cambian porque no les gusta. Por eso a veces tenemos muchos problemas a la hora de saber QUIENES SOMOS.

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