* Mixteco, originario de Santa Cruz Rancho Viejo, Tecomaxtlahuaca, Oaxaca. Actualmente es Candidato a Doctor en Sociología por la Universidad de California, en Santa Cruz y se desempeña como Coordinador de Finanzas y Proyectos Especiales del Frente Indígena Oaxaqueño Binacional. Es también Presidente del Centro Binacional para el Desarrollo Indígena Oaxaqueño, A.C. (EEUU).
La incorporación de indígenas Mexicanos al flujo migratorio hacia los Estados Unidos ilustra la profunda transformación de este fenómeno social. No sólo observamos un número creciente de migrantes que intentan cruzar la frontera por lugares cada vez más remotos y peligrosos, sino también nuevos grupos sociales se han incorporado a este flujo migratorio (COLEF, 1994a y 1994b). Trabajadores indígenas migrantes Mixtecos y Zapotecos de Oaxaca, Nahuas de Guerrero y Purépechas de Michoacán (Ver Zabin 1993; Warren 1997; Good 1992), forman la mayoría de esta nueva ola reciente de migrantes. Por ejemplo, estudios recientes han documentado que los trabajadores indígenas migrantes como los Mixtecos en California ya forman alrededor del siete porciento de la fuerza laboral agrícola en ese estado de la Unión Americana. También se ha documentado que un gran número de estos migrantes indígenas ingresaron a los Estados Unidos por primera vez a mediados de los 80s y que tienden a concentrarse en los estractos más bajos del mercado laboral agrícola, empleandose en los trabajos físicamente más rigurosos y peores pagados (Zabin et al. 1993). Sin embargo, lejos de ser víctimas pasivas de estas condiciones de explotación, estos indígenas migrantes han respondido de una manera muy creativa a los múltiples retos que enfrentan, construyendo organizaciones políticas binacionales que les permiten desplegar acciones colectivas tanto en sus comunidades de origen como en las comunidades que han establecido a lo largo de su circuito migratorio.
Las organizaciones de base que estos indígenas migrantes han construido contrastan en gran medida con las organizaciones menos politizadas y más informales que los migrantes mestizos del oeste mexicano (que comprende los estados de Jalisco, Michoacán, Guanajuato y Zacatecas) han desarrollado hasta ahora, pese a la larga experiencia migratoria de esta región que ha sido fuente tradicional de expulsión de mano de obra (Mines 1981; Dinerman 1982; Massey et al. 1986). Algunas de las preguntas que se desprenden de estas observasiones son: ¿Porqué algunos grupos de migrantes Mexicanos han tenido mayor éxito en desarrollar organizaciones binacionales de base para defender sus intereses económicos, políticos y sociales en ambos lados de la frontera? ¿Qué variables explican estos niveles diferentes de organización política? Por otro lado también debemos preguntarnos si todos los indígenas migrantes se organizan bajo la misma ideología política y si acaso siguen estrategias organizativas similares. Intentaré proveer de un primer acercamiento a las posibles respuestas de estas preguntas utilizando como base mi trabajo de campo y participación directa con una de estas organizaciones binacionales--el Frente Indígena Oaxaqueño Binacional.
El Contexto de la migración de los Mixtecos
En el presente momento histórico donde la globalización del capital ha disuelto las fronteras internacionales integrando de manera sin precendente las economías de muchos paises, en un momento en donde extraordinarios avances en los medios de comunicación electrónica permiten el acceso instantaneo a información en todos los rincones del planeta, y donde cada dia un número creciente de personas cruza fronteras internacionales por placer o por necesidad, la migración de trabajadores mexicanos hacia los Estados Unidos se ha intensificado de manera drámatica en la pasada decada, de tal manera que han surgido numerosas comunidades transnacionales de indígenas migrantes Oaxaqueños las cuales han desarrollado tejidos socioeconomicos que se extienden desde Oaxaca hasta los Estados Unidos (Kearney 1995a). Dentro de este contexto el fenómeno de la migración de un número creciente de indígenas Mexicanos hacia los Estados Unidos (Purépechas en Carolina del Sur e Ollinois; Nahuas en Chicago, Texas y California; y Mixtecos en New Jersey, Washington, Oregon y California.) ocurre en el momento en que la integración económica entre ambos paises se encuentra sumamente avanzada y la migración de trabajadores Mexicanos se ha institucionalizado por su larga trayectoria histórica y el proceso de la Mexicanización de areas rurales y urbanas de California ( ver Massey et al. 1983; y Palerm 1989).
El activismo político de poblaciones migrantes como los Mixtecos en California y su capacidad de intervenir en los procesos políticos en sus comunidades de origen, posa un reto a la hegemonía del estado Mexicano para definir lo que constituye la comunidad política nacional y los derechos que esta puede gozar. Es decir, quien decide donde comienza y termina la comunidad política de alguna población Mixteca o Zapoteca migrante, entendida esta de manera amplia como los miembros que pertenecen a esa entidad y que gozan de derechos y responsabilidades de participación en la toma de desiciones políticas internas (los contornos de la comunida política local), no es el Estado a través de sus reglamentos jurídicos sino la comunidad misma en la práctica política que ha tenido que redefinir y expander los límites de esa comunidad para incorporar al gran número de migrantes que se encuentran físicamente a dos mil millas de distancia.
La capacidad de las comunidades indígenas para adaptar al proceso transnacionalizador de la migración cierto capital político y social esta relacionada con el alto grado de autonomía que tradicionalmente han ejercido para regular sus asuntos internos. En este sentido la autonomía entendida como la "forma de ejercicio colectivo de la libre determinación" de los pueblos indígenas no es una idea o concepto que naciera apenas ayer. Muchos ejemplos se pueden dar acerca de como en la práctica estas comunidades indígenas han venido normando por mucho tiempo sus asuntos internos y ejerciendo su autoridad a través de sus propios mecanismos. Esta habilidad de las comunidades indígenas de regir sus asuntos internos resulta de suma importancia especialmente en lo que se refiere a aquellas comunidades con un alto índice de migración externa.
En otras palabras, en la práctica las comunidades indígenas han convertido lo que se veía como una catástrofe, debido a los altos índices de migración de su población, en una fuente de vida para su reproducción social y cultural. La autonomía, entendidada como el mecanismo para normar y ejercer su autoridad, ha sido fundamental para responder al fenómeno de la migración. Dentro de este contexto ha sido necesario la reconceptualización y expansión del concepto de comunidad política por parte de los pueblos indígenas migrantes, redefiniendo esta de una manera más amplia para poder incorporar a la gran población indígena dispersa a travás de muchas fronteras geográficas.
Para los estudiosos de la migración Mexica, no es nada nuevo el fenómeno de la migración de trabajadores indígenas oaxaqueños al norte del pais, sobre todo al Valle de Culiacan, Sinaloa, el Valle de San Quintin, B.C.N., y los Estados Unidos, sobre todo a los estados de California, Oregon, Washington y Florida. En un censo realizado en 1991 por el Instituto de Estudios Rurales de California se encontró que los indígenas migrates mixtecos representaban alrededor del 7% de la fuerza laboral en el sector agrícola del estado de California (Zabin et al., 1993). Esto quiere decir que durante el periodo de mayor trabajo en la temporada de cocechas en California se empleaban a casi 50,000 Mixtecos. Esta cifra por muy conservadora que sea, nos da una idea del número enorme de mixtecos que se incorporan a la red migratoria que se expande por varios estados de la Unión Americana y el norte de México. Al mismo tiempo, debemos de señalar que este senso sólo se enfocó sobre los trabajadores agrícolas y no recogió datos sobre mixtecos en centros urbanos, como San Diego, Los Angeles y San Francisco, y tampoco se consideró a los miles de Zapotecos que se concentran principalmente en el Area de Los Angeles y el Condado Norte de San Diego.
En este censo estuvieron representadas 203 comunidades de Oaxaca, (entre comunidades Zapotecas, Chinatecas, Triques y Mixtecas), pertenecientes a 81 municipios. Un total de 22 distritos, de los 30 que existen en Oaxaca, estuvieron representados en el censo. Estos datos sugieren que la migración de indígenas Oaxaqueños proviene de muchas partes del estado, pero se tiende a concentrar en ciertas subregiones. Los distritos más representados en el senso del área estudiada (El Valle de San Joaquin) fueron Juxtlahuaca, Silacayoapan y Huajuapan de León.
Prácticas Políticas Transfronterizas.
Pareciera a simple vista que la gran dispersión geografíca de la migración de trabajadores indígenas fuese un golpe fatal para las comunidades sometidas en este proceso de integración entre los Estados Unidos y México. Sin embargo, las comunidades indígenas ha respondido de manera creativa al reto de mantener el tejido social y cultural que permite la viabilidad de la comunidad a través de estos espacios geográficos.
En el proceso migratorio los indígenas han afianzado su identidad étnica, lo cual les ha permitido organizarse y mantener lazos muy estrechos con sus comunidades de origen (ver Kearney 1989). Esto les ha permitido participar directamente en los asuntos más relevantes de sus comunidades sin importar donde se encuentren físicamente. En el caso de los Mixtecos los migrantes no sólo siguen siendo tomados en consideración en las desiciones importantes de la comunidad en general, sino que siguen manteniendo sus derechos y obligaciones como miembros de una comunidad específica. Esto quiere decir que el indígena migrantes no sólo tiene el derecho de seguir participando en el proceso de normatividad interno de la comunida, sino que esta obligado también a partipar en el proceso del ejercicio de la autoridad comunitaria al ser elegible a cargos públicos dentro de la comunidad.
En mi trabajo de campo he encontrado una y otra vez como muchos migrantes son llamados a sus comunidades de origen a desempeñar cargos a los cuales fueron elegidos por la asamblea popular local. En muchas ocaciones estos migrantes han permanecido ausentes de su comunidad por años. Sin embargo debido al constante ir y venir de estos trabajadores y al flujo tan extenso de información, dinero y servicios de toda clase que esto conlleva, las comunidades indígenas migrantes y sus diferentes comunidades hermanas en California han cimentado una relación tan estrecha que de alguna manera forman una sola comunidad. En la literatura sobre migración estas comunidades son denominada transnacionales ( ver Kearney, 1995b; Smith 1995). El término transnacional, como quisieramos usarlo en este caso, tiene dos significados relevantes. Uno es en el sentido geográfico que se refiere a fenómenos tales como la migración, comercio y comunicación que traciende las fronteras nacionales. El segundo sentido de transnacional es aquello de transformar y trascender al estado-nación como una forma social y cultural moderna (Kearney, 1995b).
En este sentido las organizaciones transfonterizas de indígenas migrantes como el Frente Indígena Oaxaqueño Binacional cumple dos funciones básicas: primero, estas organizaciones institucionalizan prácticas políticas que permiten la acción colectiva en todos los puntos en que se localiza la diáspora Oaxaqueña (o sea el espacio transnacionalizado denominado algunas veces Oaxacalifonria); y segundo, institucionaliza ciertas prácticas de intercambio cultural y circulación de información, que le dan sentido a una comunidad politica que trasciende muchas fronteras geográficas (a nivel comunidad, región y nacionales). La circulación de información es vital para mantener los vínculos estrechos entre la comunidad de orígen y las comunidades satélites asentadas fuera de su territorio tradicional.
Como vemos, en la práctica política de las organizaciones transfronterizas de indígenas migrantes han rebazado los intentos tardíos del Estado Mexicano por reconocer la situación particular de los miles de mexicanos que se han incorporado al proceso migratorio. En este sentido, no es de sorprender que en los foros de consulta sobre la doble nacionalidad celebrados en los últimos mese de 1995, la posición de organizaciones de base de migrantes como el FIOB, describieran la propuesta oficial sobre la no perdida de la nacionalidad mexicana, no en términos de la expansión de los derechos políticos de de los mexicanos residentes en el extranjero sino como su coaptación como agentes de cabildeo del gobierno mexicano en aspectos de la politica interna norteamericana (Tequio, nov. 1995). Esta crítica se basa en la idea de que las reformas constitucionales (Artículos 30, 32,37) aprobadas por el Congreso de la Unión en diciembre de 1996, referentes a la no perdida de la nacionalidad mexicana, contemplan la habilidad de los ciudadanos mexicanos residentes en el extranjero (sobre todo de los llamados residentes legales en los Estados Unidos) a conservar la nacionalidad mexicana en el caso de que estos optaran por adquirir la ciudadanía estadounidense. La preservación de la nacionalidad Mexicana, permitiría a estos mexicanos a seguir gozando de sus derechos civiles ante el Estado mexicano, sin mebargo tendrían que renunciar a todo derecho político que que hasta ese momento gozaban.
Organizaciones de migrantes como el FIOB, sin enbargo, defendieron la propuesta de la doble ciudadanía, como la única propuesta que podría reconocer la demanda de las comunidades transnacionales de participar en las decisiones políticas que afectan directamente a estos migrantes en ambos lados de la frontera. Por otro lado, la decisión reciente de otorgarle el derecho al voto a los ciudadanos mexicanos residentes en el extranjero, (el cual fue uno de los puntos acordados en las negociaciones sobre la reforma política en 1996) que les permitirá participar en las elecciones presidenciales del año 2000, aunque no satisface completamente la demanda de las organizaciones indígenas transfronterizas de participar en los procesos políticos locales en sus comunidades de origen, es un avance en el reconocimiento a la importancia del México migrante.
Conclusión
A manera de conclusión podemos decir que los patrones recientes de migración que se han venido desarrollando en regiones indígenas como la mixteca oaxaqueña, aunados al surgimiento de nuevas formas de organizaciones transfronterizas estan provocando cambios profundos en las identidades étnicas de grupos indígenas migrantes y en las formas de comunidad política que han surgido a partir de las prácticas transfronterizas de estos migrantes y sus organizaciones. Son estas comunidades transnacionales y sus organizaciones transfronterizas las que jugarán un papel más importante en las discusiónes de políticas nacionales, desde la doble nacionalidad, hasta la discusión sobre la autonomía indígena y las elecciones presidenciales mexicanas en el año 2000.
Basch, Linda, Nina Glick Schiller and Cristina Szanton-Blanc. 1994. Nations Unbound: Transnational Projects and the Deterritorialized Nation-State. New York: Gordon and Breach.
COLEF (Colegio de la Frontera Norte). 1994a. Encuesta Sobre Migracion en la Frontera Norte. Tijuana B. C., Mexico (Agosto).
COLEF (Colegio de la Frontera Norte). 1994b. Estado Actual de la Migración Interna e Internacional de los Oriundos del Estado de Oaxaca. Tijuana B. C., Mexico (Enero). Dinnerman, R. Ina. 1982. Migrants and Stay-at-Homes: A Comparative Study of Rural migration from Michoacan Mexico. Center for US-Mexican Studies, University of California, San Diego.
Kearney, Michael. 1995a. The Local and the Global: The Anthropology of Globalization and Transnationalism. Annual Review of Anthropology. 24(547-566).
Massey and R. Alarcon, J. Durand, and H. Gonzalez. 1987. Return to Aztlan: The Social Process of International Migration From Western Mexico. Berkeley: University of California Press.
Mines, Richard. 1981. Developing a Community Tradition of Migration: A Field Study of Rural Zacatecas, Mexico, and California Settlement Areas. Monograph #3. San Diego: Center for US-Mexican Studies.
Palerm, Juan Vicente. 1989. Latino Settlements in California The Challenge: Latinos in a Changing California. The Report of the University of California SCR 43 Task Force. Riverside: MEXUS.
Smith, Robert. 1995. Los Ausentes Siempre Presentes: The Imagining, Making and Politics of a Transnational Migrant Community Between Ticuani, Puebla, Mexico and New York City. Unpublished Ph.D. Dissertation.
Zabin, Carol, M. Kearney, A. Garcia, D. Runsten, and C. Nagengast. 1993. Mixtec Migrants in California Agriculture: A New Cycle of Poverty. Davis: California Institute for Rural Studies.